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La mentira de las dietas milagro

19 julio, 2016 0 Comments

Con el verano, llegan las prisas por quitarnos de encima los kilos que hemos ido acumulando durante varios meses. En todas las revistas aparecen dietas milagrosas que prometen hacernos adelgazar 5 ó 6 kilos en pocas semanas. Sin embargo, estas dietas te alejan de tu objetivo, suponen un riesgo para tu salud y favorecen el temido “efecto yo-yo”. 

 

En los meses de verano, cuando la ropa de temporada deja ver partes del cuerpo hasta ahora ocultas bajo las prendas de invierno, casi el 70% de la población decide poner remedio a los kilos de más que descuidadamente ha ido acumulando durante meses. Es el momento en que las dietas milagro hacen su agosto, y prometen resultados rápidos y fáciles. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Año tras año aparecen con diferente nombre, pero encierran siempre tres particularidades: son desequilibradas en nutrientes (no suelen cubrir las necesidades de vitaminas, minerales o macronutrientes); acaban convirtiendo el metabolismo en ahorrador (el organismo se adapta a comer menos, gasta menos y en cuanto se incremente ligeramente el aporte de alimentos recupera todo el peso perdido, y algún kilo más); no enseñan a alimentarnos correctamente (por lo que nunca son una solución, sino solamente un parche temporal que, además, puede provocar serios problemas a nuestra salud).

 

UNA CARRERA DE FONDO 

Lo cierto, es que estos fenómenos dietéticos sin ninguna base científica simplemente intentan camuflar un problema mucho más complejo: la irresponsabilidad individual a la hora de planificar nuestra alimentación.

Una de las claves del éxito para mantener un peso saludable, es hacernos dueños de nuestra nutrición para toda la vida. Si confiamos ciegamente en lo que dicen los anuncios (cuyo objetivo es vender su producto), si nos creemos lo que cualquier “gurú” de la alimentación diga en un momento (generalmente, ese momento coincide con la llamada “operación bikini” y no tiene otro fin que el de generar grandes beneficios económicos a quien vende “su dieta infalible”), o si confiamos la elección de lo que vamos a comer a alguien que no seamos nosotros mismos, estamos perdidos. Y para hacernos dueños de nuestra alimentación, debemos tener conocimientos nutricionales, o acudir a un experto acreditado que pueda asesorarnos desde la responsabilidad y la profesionalidad.

La carrera para mantener un peso saludable no es un sprint, sino una carrera de fondo que debe durar toda nuestra vida.

 

EDUCACIÓN ALIMENTARIA CON EL COACHING NUTRICIONAL

Una de las formas más efectivas para promover el compromiso con una alimentación saludable por parte del cliente, es el Coaching Nutricional. ¿Cómo funciona? Podemos resumirlo en los siguientes 4 puntos:

1. El profesional y el cliente crean un plan realista. Ambos colaboran para crear un plan nutricional realista, alcanzable, saludable, flexible  y adaptado al estilo de vida del cliente. De esta forma se garantiza la implicación del interesado para conseguir sus objetivos, permitiendo mantener la pauta nutricional durante el tiempo necesario.

2. El cliente aprende a elegir alimentos saludables. El cliente debe aprender a leer etiquetas nutricionales, saber qué macronutrientes y en qué cantidades son necesarios para cada uno (en función de su sexo, edad y actividad física). El profesional debe explicar los por qué y para qués del plan nutricional, haciendo cada vez más autónomo al cliente a la hora de tomar decisiones sobre su alimentación, fundadas en el criterio profesional previamente aportado.

3. El cliente aprende a diferencias entre hambre emocional y hambre fisiológica. En el coaching, la identificación de hábitos no saludables, la sustitución por otros adaptados a un estilo de vida más saludable, la toma de responsabilidad por parte del cliente para elegir un tipo de alimento u otro, son las bases del procedimiento. Al finalizar el proceso de coaching nutricional, el cliente debe tener conocimientos y confianza para seguir por si mismo las pautas saludables aprendidas y puestas en práctica.

4. No usar suplementos o sustitutos de comida.  Este tipo de producto no enseña a comer saludablemente. Un plan realista de alimentación enseña a elegir, no pone en riesgo la salud de la persona que lo pone en práctica y puede mantenerse en el tiempo. Este tipo de planes, basados en sustituir una comida por un batido o algún alimento hipocalórico no resuelve el problema (que suele ser la elección de alimentos que hacemos día a día), sino que crea una falsa expectativa de éxito, que si bien funciona a corto plazo -aún con elevados costes para la salud- a medio plazo favorece el efecto rebote, la recuperación de los kilos perdidos y el desaliento de la persona que lo ha realizado, provocando rechazo a iniciar un plan alimentario racional y equilibrado.

 

 

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